Cartagena de Indias: muralla y colores

Viajar a Cartagena de Indias no estaba en mis planes a corto plazo pero por cuestiones laborales terminé pasando casi una semana en esta bellísima ciudad del litoral caribeño de Colombia durante el mes de abril.

¿Qué decirles? Cartagena de Indias es colores, es realismo mágico a cada esquina, patios encantados y balcones llenos de flores. Es música por sus calles, una costa de mar, sombreros, tazas de café y sol infernal.

El Centro Amurallado resguarda el pasado colonial de la ciudad. Fue fundada en el año 1533 por Don Pedro de Heredia y aún guarda cierto esplendor de aquella época. Casas antiguas de impronta española, algunas calles de adoquines, la torre del reloj, plazas con fuentes e iglesias. Es muy fácil recorrerla, dejarse llevar por sus callecitas angostas de colores con o sin mapa en mano. Al atardecer adquiere una tonalidad cálida salida de un cuento, el andar fluye y los pensamientos también.

“Me bastó dar un paso dentro de la muralla, para verla en toda su grandeza a la luz malva de las seis de la tarde, y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer”, dijo un día el escritor colombiano Gabriel García Marquez profundamente enamorado de Cartagena.

La mayoría de viajeros que llegan a Cartagena de Indias se quedan dentro del Centro Amurallado o en la costa, ya que es allí donde se concentra la infraestructura turística de la ciudad. Locales de artesanías (también hay varios vendedores ambulantes), restaurantes de todo tipo y precio, mercados y otro sinfín de posibilidades para sumar al recorrido. Y qué decir del pueblo colombiano: simpatía y amabilidad pura. En una semana sólo tuve buenas experiencias y aproveché para aprender expresiones y palabras en español que no conocía jeje.

Pero no todo es color de rosa: fuera del casco antiguo nos encontramos con una ciudad de edificios modernos y otros muy desmejorados, tráfico y grandes contrastes sociales. Cartagena no le escapa a las grandes desigualdades que sufren muchas urbes latinoamericana.

Me hubiese gustado quedarme más días recorriendo Cartagena por mi cuenta, sin las obligaciones laborales que me llevaron hasta allí. Por eso pienso en esos días como un primer acercamiento, casi un encantamiento, el tiempo suficiente para convencerme de que tengo que volver.

¡Hasta pronto Cartagena! ¡Hasta pronto Colombia!