Café Tortoni – de postales urbanas

Buenos Aires tiene infinidad de cafés y yo hacía varios años que no iba al Café Tortoni. Sentarme en esas sillas de madera, la sala iluminada de tono amarillo, los vitrales en su techo, el mostrador a lo largo y el tintinear de tazas. Las columnas altas, sus mesas de mármol, los mozos de traje oscuro, jarritas de chapa y las paredes forradas cubiertas de cuadros.

Tortoni de ahora, te habita aquel tiempo

Viejo Tortoni, Héctor Negro

El Café Tortoni es de otro tiempo. Ubicado en la Avenida de Mayo al 800, en pleno centro de Buenos Aires, fue fundado en 1858 y aún hoy permanece reluciente, testigo de años pasados.

Surgió como café ilustrado, el café parisino copiado en tierras distantes. Basta ingresar en alguna de las salas del Café Tortoni para percibir ese aura de superioridad, de local refinado y exclusivo que preserva. Era una parte central de esa Avenida de Mayo que imitaba el trazado  de lugares no-propios, de estilos europeos.

Desde sus comienzos, el Café Tortoni se convirtió en un lugar de encuentro y de efervescencia cultural; de peñas, tango y escritores. Vio a Buenos Aires transformarse y la acompañó hasta convertirse en la ciudad cosmopolita que es hoy en día.

Personajes de renombre pasaron por el Café Tortoni: desde Benito Quinquela Martín hasta Alfonsina Storni, pasando por Raúl González Tuñón, Jorge Luis Borges y Carlos Gardel. Mientras uno está sentado en sus mesas, tomando un café con leche con medialunas o un chocolate caliente con churros, pareciera que estos señores y señoras podrían de un momento a otro volver a cruzar la puerta de entrada y sentarse en la mesa que está a tu lado.

Porque el Café Tortoni genera eso, la fantasía de transportarte a otra época.

Si bien mantiene ese ambiente que te transporta al pasado, hay que reconocer que la gran cantidad de personas que frecuentan el Café Tortoni por las tardes y los grupos de turistas que llegan en tours programados, rompen un poco el hechizo de autenticidad que el Café Tortoni pretende imponer (charlando con el señor que se ubicaba en la entrada, me dijo “tiene que volver a la mañana, parece un café más de la ciudad”). Ya hace varios años que este antiguo bar se volvió casi una parada obligada para los turistas y viajeros que llegan a Buenos Aires.

Sin embargo, en un mapa imaginario de la cultura de café que transpira Buenos Aires, el Café Tortoni guarda un lugar privilegiado. ¿Cómo no ir a conocerlo?