El Mangal das Garças y su mirador de río – de postales urbanas
Hay un lugar en Belém do Pará donde me gusta sentarme a ver el tiempo pasar: el Mangal das Garças. Tiene un mirador de frente al río Guamá que transmite calma, donde uno puede sentarse en un banco de madera y descansar y pensar y mirar y…
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Así pasé una gran parte del último día del año del 2013. Sentada, escuchando el movimiento del río, al lado de André, mi novio, con un viento fresco que nos hacía olvidar del sol y el calor pegote de Belém. A los dos nos encanta ese lugar. Cada vez que vamos se nos hace bastante difícil abandonar la quietud que transmite. ¿Qué lugar mejor (y con qué compañía..) para pasar la última tarde del año?
El mirante do rio tiene una estructura rústica, hecha con tablones de madera y vigas anchas. Su techo de paja trenzada no deja pasar el calor sofocante. Sólo corre una brisa refrescante, renovadora. A los costados, el mangal; con sus plantas acuáticas altas, de hojas anchas y grandes, bien verdes. El sol brilla sobre ellas dándoles diversos tonos. Se escucha el canto de los pájaros y el agua tintinea con la luz. Cada tanto alguna embarcación atraviesa y el río replica sus ondas hasta la costa. Se vislumbran siluetas de edificios a lo lejos, junto a las cúpulas de alguna que otra iglesia.
Así se disfruta la tarde en aquel mirador de río del Mangal das Garças.
Se fue el 2013. Año de muchas alegrías, muchas. Cambios, vivencias, más amor, pasajes.
Bienvenido 2014, estoy expectante, sos un año feliz.
